Todo empezó después de un largo momento oscuro y silencioso en el que por primera vez no entendí donde estaba parado. Tras esperar poder detectar algo familiar a mi memoria y desencadenar una seria de conclusiones para saberlo, pude ver el primer rayo de sol asomándose por lo que parecía una especie de cortina de plástico que bloqueaba una claridad radiante.
Al intentar moverme, descubrí que estaba en una superficie en desnivel, mis pies se extendieron rápidamente intentando sentir la planicidad del suelo. Deduje que me encontraba en una habitación. Esta era muy similar a mi pieza, pero era diferente. Algo no estaba en su lugar. El aire es denso, cuesta respirar con facilidad, el calor es insoportable. Sofocante. Comencé a sentirme incomodo, molesto, perturbado; por el momento me sentía perdido pero a la vez ubicado. Estaba en mi propia habitación, pero en otro tiempo o situación…
Valiéndome de los conocimientos de estructura del sitio en que me encontraba, intente deducir donde estaba la puerta de tal habitación. Al reincorporarme, sentí variados dolores en mi cuerpo. Músculos y articulaciones hacían que mi motricidad sea costosa y dolorosa. Mi cabeza, con mucho esmero intenta mantener la estabilidad de mi cuerpo, fallando en el primer intento y desplomándome en el suelo
Finalmente pude levantarme y atinar a girar el picaporte de la puerta. Al abrirla me encontré con algo que me dejo anonadado por varios segundos. Jamás había visto mi casa en esas condiciones. Todo estaba revuelto, los muebles ubicados en otros sitios e incluso su misma estructura era dudosa. El comedor estaba silencioso y bien iluminado, paredes gastadas y repletas de humedad y una tonalidad oscura que variaba en los rincones y terminaciones. Por momentos, podías notar como los pasillos repentinamente se tornaban oscuros y no alcanzabas a ver ni la mismísima oscuridad. Al ver esto me sentí frustrado, cansado, desanimado.
Mi primera reacción fue correr hacia la cocina, pero no era la misma. Esa habitación había cambiado totalmente. Esta tenía una barra larga de cerámica en la que casi por una acción reflejo y sin darme cuenta estaba apoyada. Mi mente registraba que estaba esperando a alguien.
Por momentos podía escuchar ruidos que mi mente no registraba como conocidos. Movimientos de sillas que rechinaban como mis tizas desgastandose violentamente contra un pizarrón, los muebles se corrían reflejando a mil contrabajos en una sinfonía interminable. Tales ruidos hacían que mi cabeza parezca que fuere a estallar. Sentía que las paredes podían verme aunque no tuvieran ojos. Murmuraban cosas entre ellas excluyéndome como planeando algo en mi contra. Estoy nervioso, pensar algo en ese momento hubiera sido un milagro.
Al cabo de una espera sin un fin concreto, pude escuchar como la puerta de la cocina se abría pero al verla, estaba intacta aunque alguien estaba dentro de la habitación.
-: ¿te hiciste algo de comer, Matías? -: ¿Qué haces acá papá? ¿Qué es todo esto? ¿Qué paso acá?
No es que mi viejo fuese a contestarme así fuese en la vida real, pero esta vez era diferente, parecía programado por alguien. No solo no contestaba mis preguntas, tampoco me miraba ni me prestaba atención.
-: Voy a tirarme un rato en tu cama porque estoy muy cansado y en la pieza hace un calor de mil infiernos.
Antes de darme cuenta, ya no estaba. Había llegado del trabajo pero nunca me había ignorado de esa forma.
Cada vez me sentía mas perturbado. Mi desesperación me hizo actuar con locura e intentar abrir la puerta de salida a los golpes. Inesperado por mi conciencia, esta se abrió sin tener que hacer mucho escándalo. Afuera un día soleado y silencioso. No se escuchaban autos ni pájaros. Solo una sirena de bomberos que no dejaba de sonar nunca. Todo estaba muy tranquilo dejando de lado la sirena. Mi mente me decía que no debía salir. No porque corriera algún peligro allá afuera, sino porque no era lo que debía hacer. Por lo que a fuerza de voluntad volví a ingresar a la casa. Corrí a atender a mi viejo que según lo que había dicho, estaría en mi habitación. Al llegar al comedor, mire sobre la mesa. Todos mis calzados estaban sobre ella. En ese momento resonó en mi cabeza la voz de mi madre diciendo “no hay nada mas vulgar que dejar los calzados donde después uno come”. Mi instinto y fascinación por el orden no aguantaron más y atiné a retirarlos de la mesa. Pero antes de que mi mano cubra la tela de uno de los pares, otro par que estaba en la punta fue despedido por el aire golpeándome en la espalda. En cuestión de segundos me encontraba cubriéndome de los golpes que recibía de todos los calzados. No llegaba a reincorporarme. Al hacerlo, asustado reaccione corriendo hasta mi habitación donde estaba mi viejo recostado en mi cama. Al verme, se sentó en la cama… -: ¡viejo, nos tenemos que ir! ¡Esta casa esta de cabeza! ¡Se escuchan cosas raras, las cosas se mueven solas! ¡Tenemos que irnos! -: No pa, calmate. No pasa nada.
Sin pensarlo, tome a mi viejo del brazo y empecé a empujarlo llevándolo. No aguantaba mas la situación, debía salir de ahí. Al salir al patio, el clima había cambiado. El viento era fuerte y la sirena que podía escucharse ya no estaba. Las puestas de la casa se golpeaban contra la pared como saludando en torno al viento. El ruido que solo se escuchaba ahora era el de los árboles revueltos como intentando ponerse de pie y salir corriendo del lugar. El cielo estaba teñido de un gris azuloso y cada vez se oscurecía más. El viento golpeaba ferozmente haciendo que la ropa flamee en dirección contraria a la que nos dirigíamos.
Repentinamente, todo se detuvo. El silencio predominó en la calle y las puertas dejaron de golpearse. El viento se calmó. Y la temperatura aumento notoriamente.
Miré a mi papá que en ese momento estaba con los ojos cerrados. Al abrirlos, hechó un suspiro al aire espeso… -: Ya esta… no pensé que este día iba a llegar tan rápido, te quiero hijo”.
Al salir a la calle y mirar hacia el horizonte, pude visualizar como una ola de fuego se acercaba hacia donde nos encontrábamos.