miércoles, 29 de junio de 2011

La curiosidad atrajo a la muerte por segunda vez en el día

Caminando por la calle tratando de distraerme mirando los diferentes modelos de casas, no encontraba una capaz de romper el hábito que adoptaba el panorama característico de la zona.
Al fin mi vista se detuvo, no se si habrá sido por la tristeza y preocupación que podía llegar a sentirse cuando uno observaba esa casa o aquella carta en perfecto estado que se encontraba bajo la puerta, el hecho es que no pude resistir frenar mi casi rítmico andar y contemplar la escena. Estaba titulado “Madre” a nombre de Arthur Pain. Algo me decía que ese sobre no llevaba mucho tiempo ahí, sino que había sido dejado hace algunos minutos y su ubicación era tan perfecta que me tentaba a leerlo.
No podía soportarlo mas, debía hacerlo… la intriga apuñalaba mi garganta secándome la boca y mojando mi frente, debía cometer el delito.
Esperé a que nadie pueda verme y los coches dejen de pasar y rápidamente retire la carta de ahí.
Al subir al metro me sentí mas confiado y sentí la necesidad de abrirla y leer su contenido.
El metro frenó en la quinta avenida y era tiempo de bajarme de él. No aguante mas el dolor y la culpa y me dirigí directo a donde me encuentro, no voy a resistir mucho mas con este cargo de conciencia, no puedo seguir con mi vida normalmente después de esto. Nunca tuve malas intenciones ni lo hice apropósito, perdón…
Brian Curious.

Es curioso lo triste e irónica que puede ser una despedida, como de tantos tropezones uno puede llegar a levantarse y de la nada perder el coraje el ánimo para hacerlo de nuevo. Es entonces cuando recurrimos a que nos ayuden a levantarnos. ¿A quien socorremos? A nuestra alma gemela, a esa persona que nos acompaño en tantos momentos y supo aconsejarnos con las palabras justas. Pero ¿Qué ocurre si nuestro tropezón justamente fue causado por la misma persona de la que después esperaríamos que nos tienda una mano? Es exactamente lo que hoy me pregunto, madre…
Siento mucho dolor por que seas vos quien tenga que leer los infortunios de aquel pequeño que un día trajiste al mundo. Pero en verdad hoy te necesito a mi lado y ese es el motivo por el cual te escribo. Sabes donde buscarme y donde encontrarme, jamás recurrí a vos pero se que debí hacerlo desde hace mucho tiempo. Y Hoy a punto de tocar fondo es cuando mas te imploro que estés a mi lado, mama.
Necesito que vuelvas a repetirme aquellas palabras que tanto me alentaban en mi infancia a seguir adelante ante algo tan doloroso, que me explicaban cuan valía la vida. Tales palabras que en estos instantes se encuentran gastadas y trasparentes en mi corazón. Solo quiero saber que todo va a estar bien y que me apoyas en que pueda seguir en un camino que ya no se siquiera si existe.
Por favor, apúrate y no te retardes, comienzo a dudar de lo que pueda llegar a hacer si sigo así. Te amo…
Arthur Pain